Era frecuente no salir a navegar con más de 15 nudos de viento no por lo que me pudiera encontrar en mar abierto, pues estas son las condiciones perfectas para Florence May, si no por evitar formar un pollo en puerto, engancharme con amarras de algún vecino o terminar atravesado sin capacidad de maniobra.
Por tanto, me decidí a poner una hélice de proa. No es purista. No es ortodoxo. No será de buenos marinos. Pero tampoco es muy inteligente tener un barco, mantener un velero clásico con los gastos que conlleva y no salir a navegar por miedo a una maniobra. Así que me puse manos a la obra.
Barajé dos opciones principales: hélice de proa tradicional (de túnel) o una Exturn (externa).
Para ambas opciones encontré pros y contras, está claro. El precio es más o menos similar a igualdad de potencia, pues las de túnel son más baratas en cuanto a material, pero precisan mucha más mano de obra. Sin embargo, finalmente me decidí por la Exturn por las siguientes razones:
- El montaje no me obligaba a desmontar medio camarote de proa.
- No tenía que anular el tanque de agua que llevo justo en el lugar donde debería ir la hélice de proa de túnel.
- Al ocupar muy poco espacio la Exturn en proa porque todo va bajo el agua, podía aprovechar el hueco que tenía para poner una batería dedicada a esta hélice.
- Era muy rápida de montar a priori (en mi caso, luego vi que no tanto, por la forma del casco de mi barco).
- Me permitía montarla mucho más a proa que las tradicionales, por lo que su eficacia sería mucho mayor para una misma potencia.
También tenía alguna pega, siendo dos las que más tiempo me tuvieron pensando en el asunto:
- Estéticamente, implica llevar un apéndice "extraño" colgado.
- Al ser un elemento externo adherido al casco justo en la proa, puede ser susceptible de golpearse con algún objeto flotante o sufrir con alguna varada involuntaria.
Para el primer asunto, el de la estética, me consuelo pensando que al estar bajo el agua, no se vé. Y ya se sabe lo que dice el refrán: "ojos que no ven...." No me importa verla cuando saco el barco a varadero. Lo importante es que funcione, por tanto, me autoconvencí que este handicap no era problema para no ponerla.
En cuanto al posible golpe...esto me preocupaba más. Me enteré que en un varadero de Almería había un barco que la llevaba puesta. Cogí el coche y fui a verla. Me impresionó lo sólida que es y lo bien integrada que queda al casco. Además, por la posición en la que va colocada, en caso de colisionar con algo flotando, este objeto impactaría con la propia proa del barco, y no con la hélice, que está aproximadamente a 50 centímetros bajo la linea de flotación. Por lo tanto, ya tiene que darse mucha casualidad para que haya un objeto flotando a 50 centímetros exactos de profundidad para golpearla, y aún así, los tres tornillos de inox que lleva son tan gruesos que pienso que un posible golpe podría estropear la carcasa pero el arraigo ni se inmutaría (a la velocidad que llevan los veleros, claro).
Todo esto, por supuesto, pensando en un objeto contundente, metálico y pesado. Una rama, un tronco, etc...a 6 nudos de velocidad no causaría ningún problema.
En cuanto a una posible varada involuntaria, lo descarto por completo porque siempre me quedo bastante lejos de la playa a la hora del fondeo y nunca (lleve hélice de proa o no) me meto en lugares de los que no estoy seguro del calado.
Bueno, y como una imagen vale más que mil palabras paso a subir un reportaje fotográfico del montaje.
Como se puede ver en la foto, la forma del casco de Florence May es tremendamente pronunciada en V, por lo que el adaptador que viene de serie con la hélice Exturn no casa con esta forma de V tan profunda. La que viene de serie funciona perfectamente con cascos más planos y modernos, pero no con un casco de quilla corrida. Por tanto, y aunque la marca vende un adaptador para estos casos, preferimos hacerlo nosotros de fibra de vidrio y epoxi, pues así nos aseguraremos una zona muy reforzada y que encajará perfectamente con nuestro casco. Aquí lijando hasta llegar a la fibra.
Mientras tanto, en el taller, preparamos la "peana" donde habrá de anclarse la hélice. Comenzamos sacando un molde de la forma de la base de la hélice y con tejido de fibra de vidrio comenzamos a laminar.
Marcamos en un tablero marino donde irán los agujeros para pasar los pernos (tres) de la hélice y comenzamos a rellenar por dentro el molde de capas de fibra y madera de balsa. Además, le damos un corte transversal para que tenga el ángulo de caída que tiene el casco y asiente perfectamente.
Aquí ya presentado en el casco y laminado con una primera capa de fibra y epoxi.
Como la pieza pesa bastante, le ponemos un puntal para que quede bien firme contra el casco hasta que cure el epoxi.
Un detalle más de cerca.
Una vez está bien adherida al casco, procedemos con el epoxi para proteger adecuadamente la pieza.
Comienza la fase de lijado. Poco a poco va tomando forma. A estas alturas ese apéndice es una parte integral del casco. Es durísimo y al golpearlo, suena tremendamente macizo. No hay dudas de su robustez.
Montamos la hélice y....ahora sí. Sobre esta pieza que hemos fabricado asienta perfectamente. Una vez bien pegada con Sikaflex y con los pernos casi apretados, dejamos secar un par de días. A las 48 horas, apretamos bien fuerte los pernos interiores y volvemos a juntear con Sika la hélice por fuera. El dejar las 48 horas es para que al apretar, la sika ya esté bastante seca y no se salga toda hacia fuera, consiguiendo de esta manera una junta perfecta y eficaz.
Además, damos unas manos de epoxi final a la proa del casco y pintamos con pistola la hélice de proa, primero con imprimación Velox, y tras las tres manos de imprimación, damos otras dos de patente Velox para hélices.

Aquí ya el barco con la hélice colocada. Queda perfectamente integrada y, aunque efectivamente es un apéndice externo, la solidez de la misma es importante, y una vez en el agua, pues no se ve ;-)
Y lo más importante de todo es que el barco, por dentro, sigue siendo igual. No tuve que desmontar el tanque de agua que llevo a proa, no tuve que modificar los armarios de la proa ni cortar ningún mamparo. Ya que no llevo el motor de la hélice de proa dentro, pude aprovechar el hueco para poner una batería de AGM de 100 amperios exclusiva para la hélice, que al estar a escasos 30 centímetros de esta, no sufre ni caídas de tensión ni hubo necesidad de atravesar el barco de cables nuevos muy gruesos (y caros, por cierto).
El control de la hélice la realizo mediante el joystick que vende el fabricante colocado en la bitácora del barco. Barajé la opción de un mando inalámbrico, pero preferí ir a lo seguro y montarlo con cableado.
Una vez probado el barco, las sensaciones son las siguientes: NO SÉ PORQUÉ NO LO HICE ANTES.
Ahora navego mucho más, puedo hacer con el barco lo que quiera, haga viento o no, puedo llevar la proa donde quiera, e incluso me atrevo a atracar de popa, cosa impensable antes de montar la hélice de proa.
Posiblemente no sea lo más bonito o estético del mundo, pero yo ahora navego mucho más y me siento mucho más tranquilo sabiendo que puedo entrar a cualquier puerto sin miedo a que me asignen un amarre imposible para mi barco.
Datos:
El coste de esta hélice instalada para un barco de 10.50 metros de eslora y unos 8500kg de desplazamiento es de unos 4500 euros.
Si tu barco es de casco más plano que el mío (no de quilla corrida) te ahorras todo el trabajo de fabricación del adaptador para la hélice y con el que viene en la caja te vale, con lo que en un día tienes la hélice montada.
La instalación es tan sencilla que lo puede hacer cualquiera. La hélice trae unas plantillas para pegar al casco y hacer los agujeros en el sitio exacto. Al ser agujeros redondos (las de túnel los llevan ovalados) con cualquier taladro los puedes hacer.



















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